“pienso en el Congreso de Tucumán, en los conflictos que lo precedieron, en los peligros inminentes que acechaban a la revolución en cuyo vientre estaban parteando la nación, cuyo cordón umbilical iban a cortar. lo están cortando ya, y no están de acuerdo entre ellos en cómo será la patria, cuáles sus instituciones, sus formas políticas, su contenido económico y social, la pertenencia de una parte sobre el todo o la equivalencia de las partes. Tampoco se aman entre sí como compañeros inseparables, y pronto el destino los dividirá en bandos. El país se ensangrentará por sus conflictos, pero han encontrado un punto de encuentro en ese corte que practican y que será la declaración de la independencia.

Son hombres que han llegado de todos los extremos de la república, a caballo, en carretas, en diligencia, por ásperos caminos, sorteando emboscadas. Concurren desde el extremo norte del Alto Perú y desde Buenos Aires; desde las riberas del Paraná o Cuyo. Están hospedados en míseros alojamientos y en señoriales residencias otros, y reunidos en una sala cualquiera que solo después de ellos adquirirá la jerarquía de la historia. muchos de ellos padecen reuma, enfermedades de pecho, sienten reabrirse viejas heridas y tienen íntimos problemas monetarios, conflictos familiares y desazones individuales, lo mismo que nosotros. Pero hay un propósito común y lo cumplen. Están unidos en un programa mínimo pero que en esa hora y en ese momento vale por todos los programas. Y lo cumplen.”

(Mano a mano entre nosotros. Buenos Aires, Juarez Editor, 1969)